
El arte no solo permite mirar el mundo. También ayuda a mirarnos a nosotros mismos. A través del color, la línea, la forma o la imagen, niños y niñas pueden reconocerse, representarse y construir una percepción más consciente de quiénes son y de cómo se sitúan ante los demás. Esa capacidad de observarse y expresarse desde un lenguaje artístico permite alcanzar una comprensión más profunda de la realidad, porque la manera en que cada persona se ve también influye en cómo interpreta lo que le rodea.
Desde esta perspectiva se ha desarrollado el trabajo realizado en el CEIP Virgen de las Mareas de Avilés, en Asturias, junto a Blanca Dacal, artista de artes plásticas. La propuesta ha tomado como eje el autorretrato y el retrato, utilizando la educación artística como una vía para trabajar la identidad, la presencia y la expresión personal desde la metodología MUS-E.
El trabajo partió de la imagen propia y se construyó sobre un soporte reutilizado, una madera vieja que fue incorporada al proceso creativo. De este modo, la actividad unió la reflexión sobre el yo con la transformación de un material existente, convirtiendo la obra en una pieza colectiva donde cada rostro conserva su singularidad y, al mismo tiempo, forma parte de un conjunto compartido.
Blanca Dacal resume así el sentido de la propuesta:
La actividad ‘Mi yo MUS-E’ se centró en el autorretrato y el retrato de los niños y niñas, trabajando la identidad en la infancia a través de la educación artística.
A partir de la propia imagen, los niños y las niñas pudieron observarse, reconocerse y expresarse, construyendo una representación personal desde el color, el trazo y la creatividad.
La obra se planteó sobre una madera vieja, aprovechando un material ya existente para darle una nueva vida. De esta manera, el soporte también formó parte del proceso creativo, transformándose en una pieza común cargada de presencia, memoria y significado.
El trabajo en equipo permitió que cada retrato formara parte de una creación colectiva, donde cada identidad individual se integró dentro de una obra compartida.
Este tipo de propuestas son muy importantes en la educación artística, porque ayudan a los niños y niñas a reconocerse, a valorar su propia imagen y a entender que cada persona tiene una forma única de estar, mirar y expresarse en el mundo.
El proceso de trabajo ha quedado recogido en esta pieza audiovisual remitida por la propia Blanca, que os invitamos a ver a continuación:
Este programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación del Principado de Asturias, la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar del Principado de Asturias y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia