
La metodología MUS-E, aparte de ser una metodología activa que trabaja desde y con el arte, es un ejemplo de colaboración, trabajo en red y establecimiento de sinergias entre todos los implicados. Una muestra de cómo es la sociedad española, que, en momentos difíciles, es capaz de unirse y trabajar por el bien común y demostrar que es capaz de hacer grandes cosas. Esos valores y establecimiento de lazos que demuestran los alumnos y alumnas del CEIP José de Echegaray de Madrid que, en su periódico escolar, han querido compartir con todos nosotros y la red MUS-E, la entrevista que hicieron al artista de teatro valenciano Susu Benítez con el que hablaron de todo, incluidos los difíciles días de la DANA. Por su interés, os compartimos íntegra la publicación que hicieron:
Un año más los meses han pasado volando y ya decimos adiós al curso 2024-2025. Celebraciones, actividades hermanadas, mucho esfuerzo, mucha diversión, conocer de cerca a personas que forman parte de nuestro día a día… Hemos querido recoger gran parte de todo este aprendizaje a lo largo de estas páginas que, junto con el primer número ya publicado, ha pretendido ser una ventana a la que poder asomarse para recordar lo vivido o para conocer por parte de las familias todo lo que ha sucedido en estos meses. Queremos hacer un reconocimiento especial a Susu, uno de nuestros entrevistados. Artista MUS-E desde hace muchos años, programa en el que nuestro centro también participa, ha tenido la gran amabilidad de concedernos una entrevista para contarnos la dura experiencia vivida en su municipio, Paiporta, durante la DANA. Sirva esta humilde charla como homenaje y abrazo enorme a quienes sufrieron y siguen sufriendo. Deseamos que disfrutéis de la lectura tanto como lo ha hecho este equipo en estos meses de trabajo. Llegan las vacaciones y el tiempo libre.
Buenos días, Susu. Somos los redactores de la revista Echegatimes y queremos hacerte unaentrevista sobre la DANA. En primer lugar, darte las gracias por querer compartir tu experiencia sobre algo tan complicado.
Gracias a vosotros y vosotras.
Después de más de seis meses de la tragedia, ¿cómo está la situación?
La situación está evidentemente mucho mejor pero todavía hay mucho por reconstruir, mucho por hacer. Hay muchos sitios bajos, sobre todo negocios, casas de gente que vivía en las plantas bajas, que todavía están por reconstruir. Hay muchos negocios que han cerrado y hay otros que van viviendo el día a día, hay un goteo de ellos que van abriendo y es una alegría. La situación se nota en muchas cosas. Por ejemplo, nosotros tenemos a Valencia a 6 kilómetros. Teníamos un metro, en 10 minutos nosotros estábamos en el centro de la ciudad. Es una ciudad muy bien comunicada. Somos 25.000 habitantes, pero el metro no está todavía. Han arreglado muchas partes de la vía, pero todavía queda, a final de junio parece que va a estar, pero bueno, hay mucha gente todavía reconstruyendo.
Todo esto respecto a lo material. Luego psicológicamente la gente todavía está bastante afectada porque, quieras o no, no paramos de hablar del tema en cuanto nos encontramos. Cada persona tiene una historia muy potente de aquella noche. Yo, por ejemplo, las secuelas no las tuve en el momento, pero un día empecé a cojear. Yo me preguntaba: ¿por qué cojeo si no me ha p asado nada? Pero claro, el castigo que dimos a nuestros cuerpos y a nuestras mentes de sacar barro y sacar barro… Fue un trabajo titánico de atletas, no estábamos acostumbrados. Gracias a la gente que vino a ayudarnos, a los voluntarios y voluntarias, que pudimos tirar adelante. Pero muy poco a poco, es muy complejo, todavía hay mucho por hacer aunque estamos mejor.
¿Cómo viviste la situación a nivel personal?
Yo vivo en un primer piso de un edificio de cuatro a alturas. El garaje está abajo y no estaba lloviendo aquí. De pronto, vimos que entraba el agua. Yo vivo a cuatro minutos caminando del barranco del Poyo y el barranco es enorme. De repente se llenó de agua y fue muy complejo porque no sabes qué hacer. No tienes una guía para saber qué hacer en situaciones así. Empezó a entrar agua, Paiporta estuvo cubierta, toda la ciudad, con dos metros de agua como mínimo. Yo saqué el coche del garaje y lo puse en un puente que hay entre Picaña, que es un pueblo pegadito a Paiporta, y un puente que pasa por encima de la vía, lo dejé ahí. Y ya mi hija gritando, porque tengo una hija de 26 años, me llamó la última vez que pude hablar con ella y me dijo: “Papá, no vengas que los coches están flotando por aquí”. Esa noche yo no pude volver a casa. Me quedé en la otra parte del pueblo y fui a la casa de los padres de unas amigas de la infancia de mi hija. Intenté pasar varias veces y fue difícil. Pero el verdadero padecimiento fue que yo no pude conectar en toda la noche ni con mi mujer ni mi hija. Fue muy terrible. Yo intenté pasar tres veces, pero era imposible. 7Al otro día, cuando el sol salió, ya no había agua, pero era complicadísimo pasar. Un recorrido de cinco minutos, se tardaba como veinte. Las calles estaban bloqueadas. Todavía, cuando ves el paisaje o pasas por sitios en los que has estado y que estaba lleno de fango, o cuando escuchas a la gente… todavía es traumático.
Susu, ¿cuántos años llevas en MUS-E y qué haces exactamente en el programa?
Estoy en MUS-E como artista de teatro, pero también me dedico a contar cuentos a todo tipo de gente. Por suerte trabajo de esto y eso me evade. Me sirve mucho. Soy artista de teatro, aunque evidentemente la narración oral, que es contar cuentos, también la utilizo. Llevo en el programa unos ocho años o por ahí. En este momento estamos en dos colegios, digo estamos porque normalmente trabajo con María Colomer, que es una artista pionera del programa, lleva veinticinco años, igual que la fundación. He enseñado a actores y actrices a actuar, a personas mayores, en fin, he enseñado, he acompañado. Pero el trabajar con el sentido MUS-E te cambia mucho la perspectiva de enseñar teatro.
¿Crees que el arte sirve como medicina?
Sí, sí, sí, totalmente. Voy a poner un ejemplo. En noviembre fui como invitado a uno de los encuentros que hace la FYME en Madrid, era la primera vez que salía de Paiporta desde la DANA, fue un shock. Era la primera vez que yo iba a dejar de estar en casa, durmiendo fuera, y para mí eso fue muy, muy, muy, muy bestia, pero eso me sirvió para desconectar. Estoy convencido de que el arte sirve para estar tú mejor. En mi caso porque haces algo que te gusta. Creo que lo mejor que le puede pasar a una persona es trabajar en lo que le gusta. Cuando voy a contar historias por ahí, por ejemplo, para mí es una terapia brutal. La gente se lo pasa bien, pero yo mejor. Que te escuchen y que te sigan en una historia que tú planteas, a mí eso me hace estar bien.
Estamos seguros de que la DANA ha cambiado a muchas personas. En tu caso, ¿tu forma de hacer arte ha cambiado mucho si lo comparamos a antes de esta tragedia?
Sí, sí que ha cambiado porque ha cambiado mi manera de enfrentar las cosas, y por lo tanto mi trabajo también. Antes estaba a lo mejor todo el rato agobiándome por no llegar aquí, allá… y ahora piensas, bueno, se hará lo que se pueda y ya está. Y por otro lado, cuando voy por ahí, antes Paiporta no la conocía nadie, y ahora la conoce todo el mundo. También ha cambiado. Así, por ejemplo, cuando cuento un cuento sobre la guerra y hay un encuentro de personajes después de la contienda, sin querer me viene el momento cuando, a las siete de la mañana, pude ver por primera vez a mi mujer y a mi hija, que yo no sabía nada en toda la noche de ellas. Ahora ese encuentro entre personajes es mucho más verdad. Vas incorporando códigos y vivencias, sobre todo vivencias, y todo se transforma.
¿Cómo ha podido afectar la DANA a la educación? ¿Cómo lo han vivido los colegios y cómo ha sido esa vuelta a la normalidad?
Yo tengo la suerte de tener contacto con los coles de Paiporta por mi trabajo, sobre todo con uno. Ha afectado desde que costó entrar físicamente en los colegios, porque estaban todos llenos de barro y demás, pero ha habido una cosa muy potente… Los profesores y profesoras, que son un valor al que hay que poner en este mundo, hicieron un acogimiento a los niños y las niñas brutal. O sea, se hacía una fila, igual habéis visto alguna imagen, cuando el primer día que venían los niños, toda la comunidad, policía, profesorado, todo el mundo estaba esperando a los niños con los brazos abiertos. Y ha habido tanta solidaridad, gente como vosotros, de todos los lugares, que eso los niños y las niñas lo han recibido. La escuela se ha armado de mucho amor y mucho cariño para acoger de nuevo, digo los profesores y profesoras, para acoger a los niños. Eso lo hace un poquito más fácil.
Desde tu punto de vista, ¿cómo les ha afectado a los niños emocionalmente?
Mucha gente se fue con los niños muy pequeños a Valencia, a casas de algún familiar e incluso hubo gente que se fue a hoteles. Mi propia hija de 26 años, para que desconectara, estuvo 4 o 5 días en Valencia, aprovechando que tenemos amigos allí. Yo no os podría decir exactamente cómo les ha afectado estadísticamente, pero sí que sé que ha afectado con más miedos. Ahora, a la mínima que caen cuatro gotas todo el mundo se va a casa corriendo. Por las noches todo está más oscuro en algunos lugares, más desolador, y sí que ha afectado a ese nivel.
¿Cómo se supera algo así, si es que se supera?
Bueno, sí que se superará. Yo lo voy superando poquito a poco. El hablar con la gente es importantísimo. Decir en voz alta lo que te pasa y compartir algo, eso es lo primero, creo yo, de mi experiencia, y no solamente de la mía, sino de la gente que hay alrededor. Yo voy a tomar un café con alguien y al rato sale este tema. El hablar es una de las maneras que tenemos para poderlo superar. Esto será algo que siempre llevaremos ahí, y no lo sé, pues supongo que el tiempo nos hará llevarlo mejor.
¿Te alivia compartir esos recuerdos con otras personas que también han pasado lo mismo?
Sí, a mí me alivia eso, y a veces llorar, también me alivia.
¿Te alivia también llorar?
Sí, sí, sí. A los hombres, y más a los de mi generación, nos han dado una educación en este sentido un poco…. Yo por suerte, gracias al teatro, he tenido una educación un poco distinta a nivel emocional, por eso creo tanto en el arte. Yo era de un barrio obrero muy precario y gracias al teatro me realicé como persona y eso me ha permitido poder manejar mejor mis sentimientos. También me ayuda mucho hablar en voz alta. De hecho, cuando voy a contar cuentos, la primera parte normalmente hablo de la DANA, y después lo enlazo y la función sale mejor.
Por si fuera poco, llegó un apagón. ¿Cómo lo vivisteis?
Uy, pues tuve suerte. Nosotros debajo de casa tenemos el garaje, y en un lado tenemos unas puertas donde están todos los aparatos de hidroeléctrica para que la luz funcione. Entonces, esa mañana, antes del apagón, nos llamó la compañía eléctrica y nos dijo: “Oye, vamos a poner un transformador, porque tenemos que arreglar esos cables”. Y gracias a ese transformador tuvimos luz. Por esa casualidad no nos afectó.
Ya han pasado seis meses desde la tragedia. ¿Qué ha cambiado y qué falta por cambiar?
Bueno, evidentemente, la ciudad ha cambiado por el desastre. El agua tiene una fuerza brutal, ni me lo imaginaba, pero brutal. Ha reventado y matado a gente de una manera muy bestia. Ha cambiado la manera de estar en el pueblo, la manera de ver el pueblo, porque hay sitios que ya no están físicamente. Hay muchos sitios ausentes, personas ausentes. Entonces, lo ausente se hace más presente, por decirlo de manera poética. Tú pasas por una esquina donde antes había una pastelería y ya no existe. Y de pronto, un edificio que estaba allí ya no está tampoco. Falta mucho para reconstruir. Hay muchísimas obras por las calles de gente que está reconstruyendo cosas. Si sales a la calle tienes que salir con más tiempo, porque a lo mejor tú vas por un sitio y está cortado y tienes que buscar alternativa. Han cambiado los hábitos.
Sabemos que quizás es complicada esta pregunta, pero ¿has podido sacar alguna enseñanza o aprendizaje de todo esto que ha ocurrido?
Sí, muchas. Yo creo que, por lo menos a mí me ha pasado, que he comenzado a tener mejores reacciones de las que yo pensaba que podía tener. Lo que decía antes, empiezas a darle importancia a cosas a las que antes no lo hacías. Cuando hay un desastre, no piensas más allá, sólo pensaba en ese momento, no en qué va a pasar mañana. La inconsciencia nos ayudó a reconstruir, a ir poco a poco. El solucionar el día a día, el segundo a segundo, no te daba tiempo a pensar el gran desastre que teníamos encima. Hacías, hacías, hacías… No te podías permitir parar. Las primeras mañanas fueron un shock. La gente iba caminando por ahí, abrazando a vecinos y vecinas que antes ni te saludaban. Tú a lo mejor tenías agua y su padre no tenía agua y tú le dabas una botella. La gente es más solidaria. Con todos nuestros vecinos hemos hecho un trabajo muy importante de solidaridad, unos con otros. Entonces, sí que he aprendido. El tener que sobrevivir, el hacer momento a momento, desde quitar el barro o ver dónde voy a buscar la comida hoy te hace estar más en el momento. Eso es lo mejor que yo he sacado.
¿Qué seguís necesitando y cómo se os puede ayudar?
Os voy a decir una cosa. Me siento que soy una persona con suerte porque yo no he perdido a ningún familiar, no he perdido la casa… Tengo amigas y familiares que han perdido los negocios, parte de la casa y los coches. Yo soy un privilegiado. Necesitamos que vaya más acelerada la reconstrucción, que las empresas no den esperas tan largas. Ha habido algunas empresas, no todas, que se están aprovechando subiendo los precios brutalmente. Eso me parece una vergüenza que hay que denunciar y decir en voz alta. La gente está tan desesperada que hace lo que haga falta.
Nosotros hemos tenido suerte de que ha habido una buena gestión por parte de la persona que nos está gestionando todo. Que hay que darle las gracias.
¿Tú crees que los desastres de este tipo nos convierten en personas más solidarias? Mi experiencia me dice que sí. Pero también, como acabo de decir, hay mucha gente que quiere sacar partido y negocio de todo. Puede parecer un tópico, pero yo creo que es así, en estos casos se ve lo mejor y lo peor de la gente.
Muchas gracias, Susu.
Gracias a vosotros y vosotras.
El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid y la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid.