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El arte permite mirar hacia fuera, pero también hacia dentro. A través del retrato y del autorretrato, muchas generaciones de artistas han trabajado la identidad, la presencia, la percepción de uno mismo y la forma en que cada persona se sitúa ante el mundo. Velázquez, Goya, Rembrandt, Van Gogh o Frida Kahlo, entre otros, recurrieron al rostro y a la propia imagen como espacios de exploración personal, simbólica y emocional.
En el aula, este tipo de propuestas permite trabajar la autoconciencia desde una experiencia creativa. Observar un rostro, intervenir una imagen, elegir un color o transformar una expresión son formas de preguntarse quiénes somos, cómo nos vemos y cómo nos relacionamos con los demás. En contextos educativos con personas con otras capacidades, estas prácticas adquieren un valor específico, porque ofrecen lenguajes accesibles para expresar presencia, identidad, vínculo y pertenencia.
Desde esta mirada se ha desarrollado el trabajo realizado en el CPEE San Cristóbal de Asturias junto a Blanca Dacal, artista de artes plásticas del programa MUS-E. La propuesta, titulada “Tramas y caras”, ha partido de fotografías en primer plano para construir una obra pictórica colectiva basada en la intervención plástica, el color y el trazo.
La propia Blanca resume así el proceso:
Esta obra pictórica ha sido realizada en colaboración con el alumnado de educación especial, partiendo de fotografías en primer plano de sus propios rostros para intervenirlas a través de la pintura, el color, el trazo y la expresión libre.
La propuesta trabaja sobre la identidad, el reconocimiento y la importancia de mirarnos y reconocernos. Las caras, las miradas y las expresiones forman parte de nuestro día a día y nos ayudan a comunicarnos, a vincularnos y a entender mejor a quienes nos rodean.
En el contexto de la educación especial, este tipo de actividades adquieren un valor muy importante, ya que permiten trabajar la expresión personal, la presencia, la autoestima y la relación con los demás desde un lugar creativo y accesible.
A través del trabajo en equipo, la pintura y la intervención colectiva, la obra refleja también una idea de comunidad: cada rostro es único, pero todos forman parte de una misma creación compartida.
Una propuesta donde la creatividad, la expresión y la colaboración quedan presentes como herramientas para construir identidad, vínculo y pertenencia.
El trabajo desarrollado muestra cómo las artes plásticas pueden convertirse en una vía para reconocerse y ser reconocido. Cada rostro intervenido conserva su singularidad, pero al mismo tiempo se integra en una creación común, construida desde la colaboración y la mirada compartida.
El resultado de este proceso ha quedado recogido en esta pieza audiovisual, que os invitamos a ver a continuación:
Este proyecto ha recibido una ayuda del Ministerio Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, la Consejería de Educación del Principado de Asturias, la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar del Principado de Asturias, a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia


