Testimonio de Erika Montoya, artista de teatro y danza en Extremadura: el cuerpo como canal para la inteligencia emocional y la educación global

 

En la amplia red que conforman los programas de nuestra metodología activa, hay voces que no solo construyen desde el aula, sino que sueñan con tender puentes más allá de nuestras fronteras. Es el caso de Erika Montoya, artista de teatro y danza en la Comunidad Autónoma de Extremadura, que forma parte del equipo desde hace cinco años y que ha desarrollado una visión profundamente comprometida con la transformación educativa desde el cuerpo, el movimiento y la expresión artística.

Para Erika, el valor de su disciplina en el marco MUS-E reside en su capacidad para trabajar la conciencia corporal, no solo desde lo individual, sino desde lo colectivo. El cuerpo como espacio de comunicación, como lugar donde habitan las emociones y desde donde se proyectan las relaciones. En sus sesiones, se trabajan la coordinación, la tridimensionalidad, el ritmo, la expresión… y todo ello a través de la danza y el teatro, pero también desde una dimensión pedagógica profunda: contar historias, habitar el espacio, reconocerse y reconocer a los otros.

Lo que valora especialmente de su experiencia en el programa es el equilibrio entre estructura y libertad. MUS-E ofrece una base sólida que facilita la planificación, el seguimiento y la sistematización del trabajo artístico, algo que, como bien apunta, no siempre resulta fácil para quienes provienen del mundo escénico. Pero, al mismo tiempo, permite a cada artista integrar su propio método y estilo, dando lugar a propuestas auténticas, coherentes y enriquecedoras.

La acogida, según cuenta, suele ser muy positiva, especialmente por parte de los equipos docentes que ven en el programa una alternativa eficaz y transformadora para grupos con más dificultades. Sin embargo, también reconoce que no siempre es fácil introducir este enfoque más abierto, emocional y vivencial en entornos educativos muy estructurados. Aun así, el impacto a medio y largo plazo se nota: los niños y niñas adquieren una forma diferente de estar en el grupo, de expresarse, de convivir.

Con una mirada internacional, Erika lanza una propuesta inspiradora: crear una red iberoamericana MUS-E. Con experiencia en Colombia, su país de origen, y consciente de los puentes culturales que unen Europa y América Latina, plantea la posibilidad de compartir la metodología con centros y entidades en Medellín, su ciudad natal, y otros lugares de la región. Una forma de tender lazos y seguir ampliando los horizontes del arte como herramienta de transformación social.

Su testimonio nos recuerda que el arte no solo enseña, también une territorios, historias y realidades. Y que los cuerpos, cuando se mueven con sentido, pueden decir más que mil palabras. Y para descubrir todas las palabras de Erika, no os perdáis la entrevista completa: