Testimonio de Aránzazu Mansilla, artista de audiovisuales en Melilla: El arte y el cine para repensar lo que consumimos

 

La artista Aránzazu Mansilla, que forma parte del programa en la Ciudad Autónoma de Melilla desde hace dos años, ha compartido su experiencia en la última entrevista realizada dentro de la serie de conversaciones que recoge voces de quienes construyen día a día los programas que impulsa la Fundación Yehudi Menuhin España. Especializada en la disciplina de audiovisuales, Aránzazu se mueve con naturalidad entre las cámaras, las historias y los entornos escolares, con el objetivo claro de ofrecer al alumnado herramientas para entender y transformar la realidad a través de las imágenes.

Desde su enfoque, la disciplina audiovisual resulta especialmente necesaria para acompañar a niñas y niños en su relación diaria con las pantallas. No se trata solo de usar el vídeo como recurso didáctico, sino de trabajar con conciencia sobre los contenidos que consumen, analizarlos y resignificarlos. Aránzazu destaca la importancia de recuperar espacios para el cine como lenguaje artístico con valor narrativo y ético, especialmente en un momento en que los referentes culturales de la infancia están marcados por plataformas, redes sociales y canales de contenidos en los que a menudo predominan mensajes vacíos o poco adecuados a su edad.

El programa, como explica, le ha permitido crecer también como profesional: no solo por su estructura metodológica, sino por la oportunidad de colaborar con otros artistas, aprender del trabajo colectivo y dejarse sorprender por la mirada de los niños y niñas. En su práctica diaria, valora especialmente cómo se genera un diálogo continuo entre lo que ella propone y lo que el grupo transforma. A través del juego, la imaginación y la creatividad, se construyen nuevas formas de comunicarse, de compartir y de aprender, desde una relación más abierta con las emociones y con el entorno.

Aránzazu reivindica el papel del arte en la escuela como algo esencial, no complementario. Recuerda cómo, en su propia formación, fue la conexión con lo artístico lo que le permitió comprender incluso contenidos tradicionalmente considerados ajenos a su sensibilidad, como las matemáticas o la ciencia. Y por eso lanza una propuesta clara para el futuro: que programas como este dejen de depender de decisiones puntuales y se conviertan en parte estructural del currículo educativo. Porque, según explica, igual que enseñamos matemáticas para la vida diaria, deberíamos asegurar que todos los centros educativos trabajen, de manera obligatoria, los valores, las emociones y las competencias que el arte aporta en el día a día. Comprobad su manejo ante las cámaras en su entrevista: