
En ocasiones, el arte no solo transforma la mirada, también traza caminos vitales. Es el caso de Abir Zadak, quien comenzó su recorrido en MUS-E como niña participante del programa y que hoy, años después, ha regresado como artista de artes plásticas en la Ciudad Autónoma de Ceuta. Su historia, compartida en una conversación con Anabel Domínguez Contreras, directora de la Fundación Yehudi Menuhin España, es una de esas que nos recuerda el poder real de los procesos sostenidos y el impacto profundo que pueden tener las experiencias artísticas en el desarrollo personal.
Abir recuerda con emoción sus primeras sesiones, aquellas que vivió en su infancia con la artista Violeta, y cómo despertaron en ella un sueño que con el tiempo se ha hecho realidad. Desde hace cinco meses, desarrolla sesiones MUS-E en el Colegio Santa Amelia, donde ahora es ella quien acompaña a niños y niñas desde el lenguaje plástico, fomentando la expresión, el respeto y el disfrute del proceso creativo.
Su presencia en el último Encuentro Internacional EnRedArte celebrado en Miraflores ha tenido un valor simbólico especial. Allí, rodeada de otros artistas y docentes, ha compartido su trayectoria, marcada por un hilo de continuidad que une pasado y presente, infancia y madurez, aprendizaje y acción. Este retorno no es solo un logro individual, sino un ejemplo claro de cómo el arte puede consolidarse como camino profesional y como forma de compromiso con la comunidad.
Para la Fundación Yehudi Menuhin España, historias como la de Abir encarnan los valores del programa: acompañamiento a largo plazo, participación activa, crecimiento desde la diversidad y el diálogo entre generaciones. Porque en MUS-E no hay fronteras entre quien enseña y quien aprende: hay trayectorias que se entrelazan y se proyectan hacia adelante, construyendo redes donde el arte sigue siendo un motor de transformación. Descubre esta historia en su entrevista: