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En un mundo dominado por pantallas y teclados, el acto de escribir a mano se convierte casi en un gesto revolucionario. El género epistolar —la carta como medio de comunicación íntima y reflexiva— ha sido durante siglos una forma de expresión literaria, emocional y social. Diversos expertos, como la neurocientífica Karin James, han destacado que escribir a mano estimula áreas del cerebro que no se activan al teclear, lo que favorece la memoria, la atención y el desarrollo cognitivo. Según estudios publicados, los niños que escriben a mano desarrollan una mayor comprensión lectora y habilidades lingüísticas más ricas que quienes lo hacen exclusivamente en dispositivos electrónicos.
Este curso escolar ha marcado el inicio de una enriquecedora experiencia artística en el CEIP Miguel de Cervantes con la implementación del programa MUS-E, una iniciativa que ha llenado de expresión, imaginación y aprendizaje los espacios del centro y con el artista de artes escénicas Mario Marcol.
El paso de la Educación Primaria a la Secundaria es uno de los grandes hitos en la vida de cualquier niño o niña. Supone, además de un cambio de etapa académica, una transformación personal y emocional que marca el final simbólico de la infancia y el inicio de nuevas responsabilidades, relaciones y vivencias. Desde la psicopedagogía se reconoce este momento como un tránsito de gran carga simbólica: se deja atrás una etapa más protegida para adentrarse en un mundo de mayor autonomía, donde las decisiones empiezan a cobrar mayor peso y la construcción de la identidad se vuelve más compleja.
Acercar el arte y los valores a los niños y niñas de 3 y 4 años puede parecer un reto, pero desde la metodología MUS-E, esta aproximación se convierte en una aventura sensorial, lúdica y profundamente significativa. A esta edad, todo pasa por el cuerpo, la emoción y la sorpresa, y por eso el trabajo artístico con la primera infancia debe partir de la filosofía del asombro: un cuento que aparece como por magia, un objeto que se toca, se huele o se comparte con el compañero, un gesto que se transforma en emoción.
El yoga, más allá de una práctica física, es una disciplina que conecta cuerpo y mente, fomentando el equilibrio, la atención plena y la autorregulación emocional. En la infancia, aprender a parar, respirar y observar lo que sentimos es una herramienta de enorme valor para interpretar mejor el mundo que nos rodea y responder ante él de forma más serena, empática y consciente.