Reflexionamos sobre la imagen y la realidad a través de la fotografía en el CEIP San Pedro de Visma de A Coruña

 

En un mundo saturado por la imagen digital, el uso de filtros en redes sociales y aplicaciones fotográficas se ha convertido en un fenómeno cotidiano, especialmente entre niños, niñas y adolescentes. Estos filtros, que modifican el rostro, el cuerpo o el fondo de una imagen, plantean una peligrosa confusión entre realidad y ficción, alimentando una percepción distorsionada de uno mismo y generando metas aspiracionales imposibles de alcanzar. Esta ilusión estética, cada vez más normalizada, puede tener un impacto negativo en la autoestima y el desarrollo emocional de los más jóvenes.

Sin embargo, el concepto de «filtro» no es nuevo. Mucho antes de la era digital, ya se manipulaban las imágenes mediante técnicas artesanales. En el cine clásico, por ejemplo, se usaban filtros de color sobre la lente, gasas o incluso vaselina para suavizar la imagen o crear efectos difuminados. En fotografía analógica, se colocaban acetatos de colores o se trabajaba con el revelado para modificar la tonalidad de la imagen. Todas estas prácticas tenían el mismo fin que los filtros actuales: alterar lo que se ve para provocar una emoción o construir una narrativa visual concreta.

Partiendo de esta base, la artista de audiovisuales María Martul ha trabajado con el alumnado del CEIP San Pedro de Visma dentro del programa MUS-E, para que aprendan a identificar estas manipulaciones y desarrollen una cultura visual crítica. Así lo explica la propia artista:

Los filtros actuales tienen su origen en los filtros de fotografía. El uso de filtros puede que hagan modificaciones de la realidad que vemos. Los niños y niñas juegan con las cámaras de fotos creando, por medio de ‘diferentes filtros’, sus propias imágenes que distorsionan la realidad y lo que vemos. Es importante tener una cultura visual para ser capaces de discernir entre lo que es real y lo que no lo es.

 

Desde esta perspectiva, el trabajo de María no solo ha fomentado la creatividad del alumnado, sino que también ha sembrado las bases de un pensamiento crítico en torno a las imágenes que consumimos y producimos a diario. Porque aprender a mirar también es aprender a entender el mundo.

El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, de la Consellería de Educación, Ciencia,  Universidades e Formación Profesional de la Xunta de Galicia, a la Consellería de Política Social e Igualdade de la Xunta de Galicia, a la Fundación Paideia Galiza y al Ayuntamiento de A Coruña