
En el CEIP Tomás y Valiente de Velilla de San Antonio, en Madrid, la semana de arte ha abierto un espacio para trabajar las artes plásticas desde la experimentación, la observación y la toma de decisiones. De la mano de Gabriela Waisberg, artista de artes plásticas, niños y niñas se acercaron a la escultura móvil a partir de una propuesta inspirada en Alexander Calder, pero con una condición clara: no ver su obra al comienzo de la sesión.
Ese planteamiento marcó el desarrollo de la actividad. Tal y como explica la artista, no mostrar la referencia desde el inicio permitió que cada niño y cada niña trabajara con más libertad, sin quedar condicionado o condicionada por un modelo previo. Solo al final pudieron ver la obra de Calder, y entonces surgió una reacción reveladora: muchos niños y muchas niñas prestaban más atención a sus propias creaciones que a la del artista. A partir de ahí apareció también una conversación sobre género y percepción, cuando se les preguntó si creían que aquellas esculturas habían sido hechas por una mujer o por un hombre. Las respuestas dieron pie a pensar cómo se asocian ciertas cualidades a unos y a otras, y cómo el arte también puede abrir preguntas sobre esas ideas.
La sesión comenzó con una reflexión sobre la diferencia entre pintura y escultura, y fue avanzando hacia cuestiones más amplias sobre la experiencia artística. Gabriela Waisberg plantea preguntas que atraviesan el trabajo realizado: si el arte plástico se enseña, cómo se acompaña la creación sin imponerla, y de qué manera se puede ayudar a niños y niñas a estar presentes en lo que hacen mientras recortan, pegan, perforan o moldean. En ese proceso, el tiempo tuvo un papel central. La actividad no buscó llegar deprisa a un resultado, sino generar un espacio real para experimentar.
Dentro de esa propuesta apareció también la idea del “silencio creativo”, entendido como un momento en el que cada niño y cada niña puede escuchar lo que su obra le dice y decidir desde ahí. La artista les habló de la responsabilidad de crear, pero también del juego y de la libertad. Se trataba de ir más allá de la búsqueda de aprobación por parte de los adultos y las adultas, y de tender puentes hacia la autovaloración.
Este proyecto ha sido posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, a la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Velilla de San Antonio y la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.


