El CEIP Velázquez de Melilla se llena de exploradores rocambolescos

 

La imaginación ha sido, desde tiempos remotos, una herramienta vital para el ser humano. Mucho antes de la escritura o del cine, las historias se compartían oralmente en torno al fuego. Esas narraciones no solo servían para entretener, sino que eran la forma de transmitir saberes, advertencias y valores esenciales para la supervivencia. Con el tiempo, muchas de estas historias evolucionaron hacia los cuentos populares, destinados a preparar a los más pequeños para los retos del mundo. En sus versiones originales, relatos como La Sirenita o La Bella Durmiente distaban mucho de los finales edulcorados que conocemos hoy: eran metáforas duras que advertían sobre los peligros reales. Con el paso de los siglos y el auge del cine, estos cuentos se transformaron, pero no han perdido su esencia como transmisores de aprendizajes.

Con esa misma vocación educativa, artística y creativa ha trabajado la artista de teatro María Mansilla en el CEIP Velázquez de Melilla. Las sesiones desarrolladas con el alumnado de cuarto curso han sido una auténtica inmersión en la invención de mundos, personajes y aventuras. Así lo describe la propia artista:

Trabajar la imaginación y crear historias de teatro con niños es una experiencia profundamente enriquecedora, tanto para ellos como para nosotros que los acompañamos en esta aventura. El teatro es una puerta abierta a la creatividad, un espacio donde todo es posible y donde los límites se desdibujan para dar paso a la magia de lo inventado.

Y esta magia ha sucedido con los niños de cuarto curso del CEIP Velázquez. Tenían que recrear una historia de exploradores, totalmente rocambolesca, donde no faltaran las risas, el misterio y una buena aventura. También se les dio el rol que cada niño trajera de casa un elemento que le ayudara a desarrollar el personaje a interpretar, así que sin dudarlo, se dotaron de gorros, lupas, mochilas, cuerdas, chalecos, mapas y otros enseres que además compartieron con otros compañeros.

Una sesión muy enriquecedora, donde participaron no solo los niños, sino también los docentes.

 

El resultado ha sido una experiencia colectiva en la que el teatro ha servido como vehículo de expresión, juego y convivencia. Os animamos a descubrir cómo se desarrolló esta aventura a través del vídeo que compartimos a continuación:

 

 

 

El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, a la  Consejería de Bienestar Social de la Ciudad Autónoma de Melilla  y al Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.