El CEIP Miguel de Cervantes de Mejorada del Campo y el CEIP Francisco de Goya de Madrid acercan el arte a Infantil a través de cuentos, movimiento y plástica

 

Acercar el arte y los valores a los niños y niñas de 3 y 4 años puede parecer un reto, pero desde la metodología MUS-E, esta aproximación se convierte en una aventura sensorial, lúdica y profundamente significativa. A esta edad, todo pasa por el cuerpo, la emoción y la sorpresa, y por eso el trabajo artístico con la primera infancia debe partir de la filosofía del asombro: un cuento que aparece como por magia, un objeto que se toca, se huele o se comparte con el compañero, un gesto que se transforma en emoción.

 

 

Así se ha planteado el trabajo realizado durante el curso con los grupos de Infantil de los centros CEIP Miguel de Cervantes (Mejorada del Campo) y CEIP Francisco de Goya (Madrid), donde la artista Gabriela Waisberg ha desarrollado sesiones MUS-E que combinan narración oral, dramatización corporal, expresión plástica y mucho juego. Un recorrido completo por distintas formas de expresión que permiten a los más pequeños conectar con conceptos como el respeto, la cooperación, la diversidad o la imaginación creadora desde su propio lenguaje.

Gabriela nos relata con detalle el desarrollo de las sesiones:

Cada sesión se repetía la rutina de saludos: decíamos nuestros nombres poniéndole cuerpo. Luego se extendía la tela de los cuentos, hacíamos gimnasia para escuchar cuentos (estirar las orejas haciendo diferentes sonidos divertidos), llamábamos al cuento (no sabíamos por dónde podría venir…) y nos disponíamos a escuchar el cuento del día.
Se mostraban los objetos (¡eran muy responsables en el cuidado, muy curiosos en mirarlos, tocarlos, olerlos… y pasándolos a sus compis!). Se contaba el cuento y se realizaba una actividad de movimiento corporal expresivo para finalizar con una actividad plástica. Todo muy hilado y con el sentido de explorar diferentes lenguajes creativos. (Por ejemplo: la leyenda africana de cómo se creó el cielo; luego del cuento jugábamos con trocitos de nubes, poníamos música africana, y luego dibujábamos un gran cielo entre todas. Otro ejemplo: el cuento de la tortuga; hacíamos una secuencia de yoga con la postura de la tortuga, respirábamos, y luego con plastilina hacíamos tortugas, etc.).
Nos despedíamos haciendo un círculo y soplando en nuestras manos el cuento y lo que habíamos hecho y algún que otro momento especial, y lo guardábamos en nuestro corazón.

 

Este tipo de experiencias artísticas, en las que se trabaja desde lo sensorial y lo simbólico, contribuyen de manera poderosa al desarrollo emocional, cognitivo y creativo de la infancia. Porque incluso los conceptos más complejos pueden ser comprendidos si se traducen al lenguaje del juego, del cuerpo y del corazón. Y ese ha sido, precisamente, el hilo conductor de este hermoso trabajo en red entre dos centros de la Comunidad de Madrid.

 

 

El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid y  la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales  de la Comunidad de Madrid