
Dentro del programa MUS-E, el arte se convierte en una herramienta activa para el desarrollo integral del alumnado. A través de disciplinas como la danza, el teatro, las artes plásticas o el yoga, se crean espacios donde los niños y niñas no solo se expresan, sino que también aprenden a convivir, a gestionar sus emociones y a desarrollar habilidades esenciales para la vida en comunidad.
Con esta metodología activa el CEIP León Solá de Melilla ha trabajado durante el curso con la artista Inma Gaitán en sesiones de yoga adaptadas a la infancia. Estas propuestas han servido para promover la calma, el autoconocimiento, la cooperación y el respeto, desde el cuerpo y la presencia.
La propia artista nos ha hecho llegar una serie de imágenes acompañadas de reflexiones que compartimos a continuación:
Contacto

En esta imagen, un niño descansa en Balasana (la postura del embrión), una postura de reconocimiento que invita al descanso, a la introspección y a la calma. Junto a él, una compañera coloca suavemente su mano sobre su espalda, ofreciendo contención y ternura sin invadir. Es un gesto sencillo, pero profundamente poderoso.
Este tipo de contacto consciente y respetuoso ayuda a los niños y niñas a desarrollar la percepción del otro, a entender los límites propios y ajenos, y a cultivar la empatía y la compasión desde la experiencia corporal. En un mundo acelerado, este tipo de gestos nos devuelven al cuerpo, a la calma, a la relación auténtica.
Científicamente, el tacto consciente y seguro estimula la liberación de oxitocina, hormona vinculada al apego, la confianza y la reducción del estrés (Uvnäs-Moberg, 2009). Además, el contacto físico adecuado tiene efectos positivos sobre el desarrollo emocional y relacional en la infancia (Field, 2010).
Mi seño me apoya

En esta imagen vemos cómo la tutora del grupo participa activamente en una postura de yoga en pareja junto a una niña. Ambas se miran y se sostienen mutuamente, formando un puente con sus cuerpos: pies con pies, manos con manos y corazones abiertos.
Este tipo de dinámicas fortalece no solo el cuerpo, sino también los lazos de confianza y cercanía entre alumnado y profesorado. La participación de la tutora en la actividad rompe niveles y fomenta un vínculo basado en la cooperación, la seguridad y el respeto mutuo.
Desde un punto de vista físico, esta postura trabaja el equilibrio, la fuerza en el core y las piernas, y la propiocepción. En el plano emocional, favorece la regulación del sistema nervioso, el sentido de pertenencia y la confianza interpersonal. Estudios en neuroeducación y aprendizaje cooperativo sostienen que cuando el adulto se implica desde el cuerpo y la presencia plena, se fortalece el clima emocional del aula, lo cual tiene un impacto positivo en la motivación y el aprendizaje (Cozolino, 2013; Siegel, 2012).
El Árbol en Pareja

En esta imagen vemos a dos niñas realizando la postura del árbol (Vrksasana) en pareja. Están una frente a la otra, con las manos unidas, creando un espacio de concentración compartido y equilibrio conjunto.
El yoga en pareja favorece el apoyo emocional ante la dificultad, como en este caso, donde sostenerse mutuamente ayuda a encontrar estabilidad física y confianza interna. Es una metáfora preciosa: cuando el equilibrio tambalea, el otro está ahí, presente, disponible, sin juicios.
Desde el punto de vista físico, esta postura fortalece el equilibrio, la musculatura de las piernas y el enfoque mental. Realizada en pareja, añade una dimensión social y afectiva al trabajo corporal. Las prácticas colaborativas como esta desarrollan la empatía, la escucha no verbal y la conexión interpersonal, cualidades esenciales para una convivencia saludable en el aula y en la vida (Payne & Crane-Godreau, 2015; Siegel, 2010).
Me estiro contigo

En esta imagen, una niña y un niño comparten una postura sentados espalda con espalda. Uno de ellos eleva los brazos y se inclina suavemente hacia atrás, estirando su cuerpo sobre la espalda de su compañera.
Este tipo de dinámica corporal permite que el contacto físico se dé de forma segura y natural, lo cual es especialmente valioso en edades donde empieza a surgir cierta resistencia o vergüenza al trabajo en pareja.
Además del evidente beneficio físico de estiramiento de la columna y apertura torácica, esta postura favorece la confianza, el respeto de los límites del otro y el juego compartido, promoviendo una interacción consciente que fortalece los lazos del grupo.
Este tipo de prácticas apoyadas en el contacto seguro estimulan la autorregulación emocional y la cohesión social, tan necesarias en la etapa preadolescente (Porges, 2011; Perry & Szalavitz, 2006).
El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y a la Consejería de Bienestar Social de la Ciudad Autónoma de Melilla