Celebramos el Día de Europa, una fecha muy significativa para nuestra Fundación y las convicciones de su Fundador Yehudi Menuhin, un gran europeísta, así como su presidente, Enrique Barón, y todo el equipo de trabajadores, voluntarios y colaboradores

Nuestro Presidente, Enrique Barón en una imagen de archivo del Parlamento Europeo cuando presidía la Eurocámara. FUENTE: Centro Multimedia del Parlamento Europeo

 

 

Thierry Roge

El 9 de mayo celebramos el Día de Europa, una fecha de gran valor simbólico y emocional para Yehudi Menuhin, fundador de esta Fundación que lleva su nombre, que nos dijo que: “se sentía Europeo por adopción, porque era en esta vieja Europa donde había encontrado los valores que creía había que defender a nivel universal”. A ello sumar a nuestro presidente, Enrique Barón, quien presidió el Parlamento Europeo entre 1989 y 1992, siendo uno de los tres únicos españoles en haber ostentado ese cargo junto a nuestro recordado patrono José María Gil-Robles (1997-1999) y Josep Borrell (2004-2007). Esta efeméride, que remite a los orígenes de la construcción europea, representa también el compromiso de la Fundación con los valores compartidos de unidad, paz y cooperación.

Este 2025, conmemoramos el 75.º aniversario de aquella declaración que marcó un punto de inflexión en la historia del continente. Aquel mensaje, pronunciado el 9 de mayo de 1950 por el ministro francés Robert Schuman —con el impulso intelectual de Jean Monnet—, proponía la unión de las producciones de carbón y acero bajo una administración supranacional. Con ello se abría el camino hacia una Europa de soberanía compartida, que nacía con vocación de permanencia, inclusión y progreso colectivo.

Esta iniciativa fue fruto de años de reflexión, diálogo y movilización ciudadana tras la Segunda Guerra Mundial, influida por corrientes federalistas y por el deseo urgente de evitar nuevos conflictos armados. En la Declaración Schuman se delineaban no solo los principios de unidad europea, sino también un modelo de acción pragmática, basada en pasos concretos que generasen vínculos reales entre los pueblos. Así se sentaron las bases de la futura Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), concebida como la primera fase de una federación de naciones europeas.

Desde entonces, el Día de Europa se celebra cada año como símbolo de esa unidad. En España, fue promovido por el Ayuntamiento de Madrid y el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo a partir de los años ochenta. Desde entonces, y de forma continuada —incluso en momentos difíciles como durante la pandemia de 2020—, el izado de la bandera europea ha mantenido vivo el espíritu de aquel mensaje de paz.

Este año, el contexto internacional otorga un sentido renovado a esta celebración. La reciente elección presidencial en Estados Unidos y los cambios en sus relaciones exteriores han planteado nuevas dinámicas en la política global. Esta coyuntura abre a la Unión Europea la posibilidad de reforzar su papel independiente en el escenario internacional, consolidando alianzas, respondiendo a las peticiones de ampliación y estrechando la cooperación con los 46 países que forman parte de la Comunidad Política Europea.

La ciudadanía europea también ha mostrado un respaldo significativo a la integración. Las movilizaciones del pasado 15 de marzo, desde Roma hasta Tiflis, así como los resultados del último Eurobarómetro, confirman el amplio apoyo social a una Europa unida frente al autoritarismo, las guerras comerciales y la desinformación. En este contexto, el impulso hacia una mayor unión política se vuelve más necesario que nunca.

El Movimiento Europeo Internacional, liderado a nivel internacional por figuras como Guy Verhofstadt y Enrique Barón, ha subrayado la urgencia de abrir un proceso de reforma de los Tratados, partiendo de la propuesta presentada por el Parlamento Europeo en noviembre de 2023. Esta transformación busca dotar a la Unión de competencias más amplias en áreas clave como la defensa, la salud, la economía o la política fiscal.

La visión de una Federación Europea ya no es solo un ideal; se plantea como una respuesta histórica a los desafíos del presente. Es momento de dar continuidad al legado de Schuman, no solo recordando su declaración, sino haciendo realidad su contenido. En la FYME, creemos firmemente que la educación, el arte y la cultura pueden y deben ser también vehículos de ese proyecto común, basado en los derechos humanos, el Estado de derecho y el respeto a la diversidad.

El sueño europeo continúa vivo. Y cada año, cada 9 de mayo, renovamos nuestro compromiso con ese proyecto que aspira a una Europa en paz, libre, solidaria y cohesionada.

Para finalizar, compartimos con todos vosotros la Declaración realizada por el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME) que ha servido de base para esta entrada.