
En un mundo dominado por pantallas y teclados, el acto de escribir a mano se convierte casi en un gesto revolucionario. El género epistolar —la carta como medio de comunicación íntima y reflexiva— ha sido durante siglos una forma de expresión literaria, emocional y social. Diversos expertos, como la neurocientífica Karin James, han destacado que escribir a mano estimula áreas del cerebro que no se activan al teclear, lo que favorece la memoria, la atención y el desarrollo cognitivo. Según estudios publicados, los niños que escriben a mano desarrollan una mayor comprensión lectora y habilidades lingüísticas más ricas que quienes lo hacen exclusivamente en dispositivos electrónicos.
Escribir a mano también implica un ritmo más pausado, propicio para el pensamiento y la conexión emocional con lo que se escribe. En contraposición, las tecnologías, aunque veloces y accesibles, tienden a mecanizar y simplificar el lenguaje, reduciendo la riqueza expresiva. La lectura, además, se ve comprometida por la inmediatez y fragmentación de los mensajes digitales, lo que hace imprescindible fortalecer la competencia lectora desde edades tempranas como una herramienta esencial para comprender el mundo.
Todo esto, y mucho más, es lo que ha trabajado la artista Gabriela Waisberg con el alumnado de 1º, 2º y 3º del CEIP Miguel de Cervantes de Mejorada del Campo, dentro de la metodología MUS-E. Una propuesta artística que parte del arte como motor de desarrollo personal y social. Las sesiones han girado en torno al valor de las palabras, la expresión emocional y la autoconfianza. Así lo relata la propia artista:
Comenzamos haciendo un círculo de pies, nos saludamos, presentamos la actividad. Les cuento el cuento de ‘El león que no sabía leer’. Lo escuchamos haciendo mucha mímica, es muy divertido. Con este cuento estamos trabajando: el orgullo, la sinceridad, la ayuda… Luego hablamos de esto… ¿a quién le pedimos ayuda? ¿A veces puede dar vergüenza pedir ayuda como al león del cuento? ¿Por qué?… ¿Y nosotras a quiénes ayudamos? ¿Cómo nos sentimos cuando nos ayudan o cuando ayudamos…?
Luego hacemos una relajación para enfocarse en las sensaciones del cuerpo y sentir las emociones.
Se les hace la siguiente propuesta: vamos a escribir cartas de amor como quería hacerlo el león… ¿a quién le podríamos escribir cartas de amor?
Pues mirar qué cosa, vamos a escribirnos una carta de amor a nosotros, nosotras mismas.
Lo hacen muy entusiasmadas y contentas, escriben el sobre, lo comparten, fue una actividad que realizamos en 2 sesiones y fue preciosa. Estaban muy contentos y contentas.
Hemos trabajado aquí entre otros valores: el desarrollo de la autoconfianza, poner en palabras emociones, compartir algo íntimo con respeto y valoración. La autoescucha. La expresividad del mundo interior. Encontrar las palabras y quizás no encontrarlas. Valorar lo que sabemos y los ‘no sé’ como otra realidad que no se considera y se machaca a menudo en esta sociedad, donde siempre hay que saber.
Una experiencia enriquecedora en la que el arte de escribir, de sentir y de valorarse ha calado profundamente en los niños y niñas. Os invitamos a ver el vídeo que Gabriela ha compartido con nosotros para recoger este precioso trabajo.
El programa es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Leganés y el Ministerio de Derechos Sociales Consumo y Agenda 2030




