La Universidad para la Paz de la ONU ha recibido el retrato de Mandela, realizado por nuestra querida y siempre añorada patrona de la Fundación Yehudi Menuhin España (FYME), Sofía Gandarias. Una obra que ha sido donada, por su familia puesto que el arte y el compromiso social, siempre fueron el motor de la obra de Sofia Gandarias como atestiguan sus numerosos cuadros y series dedicadas a diferentes momentos históricos que afectaron al devenir de la humanidad y que podéis contemplar en su web.
Este cuadro tienen una especial significación para nosotros, porque Yehudi Menuhin, nuestro fundador, colaboro con Nelson Mandela. Y es que es sabido que el maestro Menuhin, aparte de ser un gran músico, fue un extraordinario humanista defensor de las causas por la defensa de la dignidad humana y la justicia social.
Recordamos a Gandarias y su obra con las palabras de María Salvadora Ortiz, exembajadora de la Secretaria General Iberoamericana en el prólogo del Libro Gandhara dedicado a la obra de nuestra recordada patrona:
Retrato de Mandela realizado por Sofía Gandarias y donado por su familia a la Universidad para la Paz de la ONU
“…Como hija de este tiempo, Sofía Gandarias viajó mucho, se interesó por muchos sitios y cultivó relaciones y amistades en diversos lugares. Particularmente fecundas fueron sus relaciones con Francia y con América Latina, como lo testimonian numerosas obras-homenaje a creadores y creadoras de esas latitudes.
Pero una cosa es ser hija de este tiempo, y otra muy distinta es ser su contemporánea. Como artista y como mujer, Sofía fue ambas cosas a la vez. Como hija de este tiempo fue, si se quiere, cosmopolita: el conjunto de su obra da cuenta de sus inquietudes universales; su locus es el mundo cada vez más pequeño e interrelacionado en el que nos ha tocado vivir: personajes (y en ocasiones sucesos) de Iberoamérica, de los Estados Unidos, de Asia y de Europa, habitan su vasta obra.
Pero, también, fue y es contemporánea, en este sentido preciso y profundo de Agamben, de no adecuarse plenamente a las pretensiones de nuestra época y de resultar, por ello, inactual respecto de ella.
Este desfase de Sofía respecto de nuestra época se percibe también, a mi juicio, en su fidelidad a la tradición pictórica de Occidente, en tiempos en que el arte conceptual y muchas modas efímeras se apoderaron de la escena artística. Asimismo, tal desfase se hace evidente en el clasicismo de sus figuras y sus formas, en la contención “apolínea” a la que me referí antes.
Pero escuchemos de nuevo a Agamben: “justamente por esta razón, a través de este desvío y de este anacronismo, (quien es contemporáneo) es capaz, más que el resto, de percibir y aferrar su tiempo.” Touché.
Nuestra época –resulta innecesario recordarlo–, ha sido pródiga en horrores. Es verdad que cabe la pregunta de si, más allá la creciente sofisticación tecnológica, del aumento exponencial de nuestra capacidad de destrucción, un Pol-Pot, pongamos por caso, se diferencia en algo de un Asurbanipal. Me inclino a pensar que no. Una vez más, Agamben: “sólo quien percibe en lo más moderno y reciente los indicios y las marcas de lo arcaico puede serle contemporáneo.” Ese traer el pasado al presente y llevar hasta el pasado lo más reciente, esa capacidad de salirse del flujo del tiempo para instalarse en el remolino, en el agujero negro donde confluyen todos los tiempos, sería otra marca del contemporáneo y es, qué duda cabe, otra característica destacada de la obra pictórica de Sofía Gandarias.