Año Internacional de las Personas Voluntarias 2026: el voluntariado de la FYME en Madrid se sumó a “Arte contra el coronavirus” para seguir creando y compartiendo

 

Seguimos recuperando en este recorrido algunas de las formas en las que el voluntariado ha estado presente en el trabajo de la Fundación Yehudi Menuhin España. Hoy volvemos a diciembre de 2020, cuando la iniciativa Arte contra el coronavirus incorporó también las aportaciones de personas voluntarias y de quienes estaban realizando prácticas en la FYME, demostrando que seguir participando era posible incluso en un contexto en el que buena parte de la actividad tenía que desarrollarse a distancia.

La noticia publicada entonces partía precisamente de una idea sencilla: todos y todas contamos, participamos y creamos. Dentro de ese planteamiento, el voluntariado encontraba también su espacio para aportar, compartir conocimientos y contribuir a que las propuestas artísticas continuaran llegando a otras personas. La acción voluntaria no quedaba al margen de las circunstancias, sino que buscaba nuevas formas de estar presente.

Uno de los ejemplos recogidos en aquella publicación fue el trabajo de María, que se encontraba realizando sus prácticas en la FYME desde la Universidad Autónoma de Madrid. Su colaboración se concretó en una pieza audiovisual con dos actividades de dibujo dirigidas a expresar emociones y sentimientos. El vídeo que acompañaba la noticia (a la que podéis acceder en el enlace de arriba) trasladaba así una propuesta artística que podía realizarse desde otros espacios y que permitía seguir trabajando la creatividad incluso cuando la presencia física estaba limitada.

Esta experiencia resulta especialmente útil para recordar algo esencial cuando hablamos de voluntariado: cada persona puede encontrar una manera distinta de contribuir. En este caso, la aportación tomó la forma de un tutorial artístico. En otros momentos puede materializarse en acompañamiento, formación, organización, difusión o trabajo directo dentro de un proyecto. Lo importante es que detrás de cada acción exista una voluntad de implicarse y de poner tiempo, conocimientos y capacidades al servicio de una propuesta compartida.

La publicación de 2020 agradecía expresamente a María su colaboración y su trabajo, y situaba el vídeo dentro de su acercamiento a la metodología MUS-E. Esa conexión entre formación, creación y participación muestra también cómo el voluntariado puede convertirse en un espacio de aprendizaje en ambas direcciones: quien se implica aporta, pero al mismo tiempo conoce otras formas de trabajar y descubre nuevos recursos con los que intervenir desde el arte.

La propuesta fue incorporada además como ejemplo de buenas prácticas dentro del proyecto europeo CapacitArte, del que formaba parte la FYME. Volver hoy sobre aquella experiencia permite observar una dimensión del voluntariado que merece ser puesta en valor: su capacidad para adaptarse. Cuando las formas habituales de encontrarse y trabajar cambiaron, las personas que colaboraban con la Fundación siguieron buscando maneras de participar.