
El circo tiene una capacidad muy concreta dentro de la educación a través del arte: convierte el cuerpo, el juego y la relación con los demás compañeros y las demás compañeras en una forma de aprendizaje compartido. No se trata solamente de hacer una figura, lanzar un objeto o mantener un equilibrio. Se trata también de escuchar, respetar turnos, confiar y construir algo en común. Eso es lo que se ha trabajado durante este curso en la Escola Eduard Marquina de Barcelona junto a Albert Grau, artista de circo.
La disciplina de circo se ha desarrollado con el grupo de 1º con un objetivo claro: mostrar en el festival de final de curso todo el trabajo realizado en torno a valores, respeto, convivencia, habilidades y creatividad ante la comunidad educativa. Ese punto de llegada da sentido a todo el proceso previo, porque lo que finalmente se comparte en el festival no nace de un solo día, sino de un recorrido sostenido en el tiempo.
El trabajo circense dentro de las sesiones MUS-E permite precisamente eso: que niños y niñas aprendan a relacionarse desde el movimiento, desde la atención al otro y a la otra y desde la necesidad de coordinarse para que una propuesta salga adelante. En una práctica de circo, cada gesto exige concentración, cada ejercicio necesita cuidado y cada avance suele apoyarse en la presencia del grupo. Ahí es donde se refuerzan el respeto y la convivencia, no como ideas abstractas, sino como experiencias vividas.
Además, el circo abre un espacio especialmente fértil para el desarrollo de habilidades y de creatividad. Los materiales, los desplazamientos, los equilibrios y las dinámicas de juego obligan a buscar soluciones, a probar y a adaptarse. Lo importante no es solo el resultado final que se muestra ante el público, sino todo lo que se aprende mientras se llega a él: cómo esperar, cómo sostener la atención, cómo acompañar y cómo descubrir que una creación colectiva depende de cada uno y de cada una.
El festival de final de curso aparece así como un momento de síntesis. En él se hace visible el valor del trabajo realizado durante meses y se comparte con la comunidad educativa una parte de todo lo construido en el aula.
El Programa es posible gracias al Departament d’Educació de la Generalitat de Cataluña, al Consorci d’Educació de la ciudad de Barcelona, al Ajuntament de Barcelona y a la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.