
El arte empieza mucho antes de una obra final. Empieza cuando un niño o una niña descubren por primera vez el sonido de un instrumento, cuando aprenden a esperar su turno para compartirlo, cuando comprenden que el silencio también forma parte de la experiencia y cuando un grupo transforma música, pintura, baile y escultura en una creación común. Eso es lo que muestran las imágenes remitidas por Nora Usterman, artista de música del CEIP Francisco Tomás y Valiente de Velilla de San Antonio, que recogen distintos momentos de trabajo artístico en varias edades y permiten ver cómo la práctica creativa acompaña el crecimiento desde los primeros años.
En las primeras imágenes, correspondientes a los grupos de 2 y 3 años, aparece el descubrimiento del sonido de los instrumentos. Ese primer acercamiento resulta fundamental porque no se trata solo de tocar un objeto, sino de escuchar qué produce, cómo responde y qué posibilidades abre. La educación artística comienza ahí, en la curiosidad, en la escucha y en la relación directa con el material sonoro.
Otra de las imágenes, centrada en el grupo de 0 a 1 años, muestra el aprendizaje de algo igual de importante: compartir a través de los instrumentos. En estas edades, el arte no se separa de la convivencia. Manipular un instrumento, esperar, mirar al otro y a la otra y entender que la experiencia también se construye con los demás forman parte del mismo proceso.
En el grupo de 5 años, el trabajo da un paso más y reúne distintas disciplinas artísticas en una misma propuesta. A partir de la escucha y la producción musical, de la pintura de máscaras, del baile y de la escultura, niños y niñas crean su propio baile de máscaras con la Música nocturna de las calles de Madrid, de Luigi Boccherini. La propuesta resulta especialmente significativa porque une lenguajes distintos dentro de una creación común. La música aporta ritmo y atmósfera; la pintura construye la identidad visual; el baile pone el cuerpo en acción; y la escultura amplía la relación con la forma y el volumen.
Por último, en la imagen del grupo de 4 años aparece otra idea clave: la relajación y el silencio también forman parte de nuestra vida. En una práctica artística, no todo pasa por el movimiento o por el sonido. Saber detenerse, escuchar el propio cuerpo y compartir un momento de calma forma parte igualmente de la educación sensible y de la relación con el entorno.
En conjunto, estas escenas muestran una misma línea de trabajo: el arte como espacio para descubrir, escuchar, compartir, crear y también parar. Desde los primeros años, la experiencia artística ayuda a que niños y niñas se relacionen con los sonidos, con los materiales, con el cuerpo y con los demás compañeros y las demás compañeras de una forma atenta y progresiva.
Este proyecto ha sido posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la Comunidad de Madrid, a la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Velilla de San Antonio y la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.




