
Hay objetos cotidianos que cambian por completo cuando entran en una sesión artística. Un corazón de cartulina, que a simple vista puede parecer un material sencillo, se convierte en una herramienta para coordinarse, escuchar, recordar una secuencia y construir una imagen común con otros compañeros y otras compañeras. En la escuela, ese tipo de sesiones tienen un valor claro: muestran que educar también puede pasar por el cuerpo, por el ritmo y por la relación con los demás.
La danza se vive mucho más si la observamos con nuestros propios ojos, y para ello, desde el CEIP Manuel Pacheco de Badajoz, esta sesión ha quedado recogida en un vídeo remitido desde el centro, en el que, Dolma Casado, artista de danza, guía a los chicos y chicas, formando así un gran equipo. Este gran grupo se mueve al ritmo de la música, mientras portan entre sus manos un corazón de cartulina.
La presencia del corazón dentro de la coreografía introduce una referencia directa a algo muy presente en la vida cotidiana: aquello que se sostiene, se cuida y se ofrece. El corazón acompaña el movimiento del grupo y obliga a cada niño y cada niña a atender no solo a sus propios pasos, sino también a la forma en que ese objeto entra en relación con el conjunto. El resultado no depende de una acción individual aislada, sino del cuidado con que se construye la secuencia común.
Ahí aparece una de las aportaciones más claras de la danza dentro de la educación. Trabajar una coreografía implica memoria corporal, concentración, orientación en el espacio y escucha del ritmo, pero también exige respeto por el tiempo de los demás compañeros y las demás compañeras. Cada gesto necesita encajar con el del grupo. Y esa experiencia, aunque parte del arte, se traslada a muchas otras dimensiones de la vida escolar: aprender a esperar, a coordinarse, a sostener una tarea compartida y a formar parte de algo mayor que uno mismo y una misma.
Además, el uso de un material tan sencillo recuerda que el arte no necesita grandes recursos para abrir procesos de aprendizaje significativos. Basta una idea clara, un objeto cargado de sentido, un trabajo corporal que permita a niños y niñas descubrir nuevas formas de expresión y de relación, y el vídeo, el cual os invitamos a ver aquí:
Este proyecto es posible gracias a la colaboración de la Consejería de Educación, Ciencia y Formación Profesional de la Junta de Extremadura, la Consejería de Salud y Servicios Sociales de la Junta de Extremadura y la participación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en el marco del programa EnRedArte por la Infancia y la Adolescencia.