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En un mundo dominado por pantallas y teclados, el acto de escribir a mano se convierte casi en un gesto revolucionario. El género epistolar —la carta como medio de comunicación íntima y reflexiva— ha sido durante siglos una forma de expresión literaria, emocional y social. Diversos expertos, como la neurocientífica Karin James, han destacado que escribir a mano estimula áreas del cerebro que no se activan al teclear, lo que favorece la memoria, la atención y el desarrollo cognitivo. Según estudios publicados, los niños que escriben a mano desarrollan una mayor comprensión lectora y habilidades lingüísticas más ricas que quienes lo hacen exclusivamente en dispositivos electrónicos.
Con motivo del Día de la Paz, la actividad de una de las sesiones en el CEIP Santa Amelia de Ceuta se enfocó en la reflexión y expresión de valores como el respeto, la empatía y la convivencia, que caracterizan a este día tan importante y necesario.