El trabajo de la artista de danza Elsa Bendayán en el CEIP Pablo Ruiz Picasso de Ceuta: un inicio de curso lleno de expresividad y crecimiento

 

El inicio de curso en el CEIP Pablo Ruiz Picasso de Ceuta ha estado marcado por un trabajo centrado en la danza como vía para el conocimiento del propio cuerpo y la relación con los demás. A través de las sesiones MUS-E, el movimiento se ha convertido en una herramienta para explorar emociones, generar confianza y abrir espacios de comunicación dentro del grupo, siempre desde el respeto y la escucha.

Las propuestas desarrolladas han permitido que niños y niñas se acerquen a la danza desde el juego, la experimentación y la creación compartida. El cuerpo, el ritmo y el espacio han sido los ejes sobre los que se han articulado las sesiones, favoreciendo un clima en el que cada persona ha podido expresarse sin comparaciones ni juicios. ¿Qué ocurre cuando el cuerpo encuentra un lugar para moverse con libertad? Surgen nuevas formas de comunicarse y de mirarse dentro del grupo.

Tal y como explica la artista de danza Elsa Bendayán, el proceso vivido durante este comienzo de curso ha sido especialmente significativo:

El trabajo que he desarrollado con el alumnado del CEIP Pablo Ruiz Picasso, dentro del programa MUS-E, ha sido una experiencia llena de momentos especiales. He acompañado a los niños y niñas en un proceso de exploración corporal que ha tenido un gran impacto en su autoestima y su manera de relacionarse.

Desde las primeras sesiones pude sentir su entusiasmo: ganas de moverse, de jugar con el ritmo, de inventar y de compartir. Poco a poco fueron dejando atrás miedos y reservas, y comenzaron a expresarse con mayor libertad y autenticidad. Yo he tenido el privilegio de ver cómo se abrían, cómo confiaban más en sí mismos y cómo encontraban en la danza un lugar donde ser ellos sin miedo.

Han creado juntos, han resuelto retos corporales, se han apoyado y han aprendido a comunicarse desde el respeto y la escucha.

Estas palabras de la propia artista que ha estado en todo momento acompañando a los chicos y chicas en el proceso, refleja cómo la danza ha funcionado como un puente para fortalecer la autoestima y la convivencia, permitiendo que el grupo avance de forma conjunta. El arte, en este contexto, no se limita a una práctica artística, sino que se convierte en un lenguaje compartido que ayuda a comprenderse y a cuidarse mutuamente.

 

 

Este programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, y la Ciudad Autónoma de Ceuta.