
El pasado 17 de noviembre, el CEIP Constitución de Melilla celebró su Día de Familias, una jornada que reunió a madres, padres, niños y niñas en un espacio pensado para crear, moverse y disfrutar juntos. La actividad se desarrolló con la participación de las artistas de danza, Marta Hernández, y de música, Nuria Torrella. Ambas guiaron dinámicas que permitieron descubrir cómo el arte abre caminos de comunicación, afecto y aprendizaje compartido.
Desde los primeros minutos, el encuentro mostró la fuerza que tiene el arte cuando se convierte en un lenguaje común entre generaciones. Marta propuso actividades basadas en el movimiento, con juegos corporales que invitaban a imitar, explorar y colaborar. Los grupos formados por padres, madres, niños y niñas se lanzaron a pequeños retos expresivos: caminar siguiendo distintos ritmos, acompañarse con gestos, inventar secuencias sencillas que luego se compartían con las demás familias. A través de estas propuestas, el movimiento dejó de ser solo una actividad física para convertirse en un puente entre unos y otros: ¿qué mejor forma de acompañar que moverse al mismo tiempo, escucharse y dejarse sorprender?
La música, de la mano de Nuria Torrella, añadió un nuevo enfoque a la experiencia. Con diferentes dinámicas corporales, las familias descubrieron cómo el sonido puede unir y transformar un grupo. Cada ritmo creado, cada pequeño canon improvisado y cada melodía compartida permitió que niños y niñas se sintieran acompañados por sus familias, y que los adultos se reencontraran con ese espacio lúdico y creativo que muchas veces queda oculto por las rutinas del día a día.
Ambas artistas construyeron un ambiente donde la colaboración fue esencial: no se trataba de “hacerlo bien”, sino de hacerlo juntos. Y ese es, precisamente, uno de los pilares de las sesiones, que el arte sea una vía directa para el entendimiento mutuo y un medio que permite llegar a todos los rincones de centros como este
La jornada concluyó con una dinámica conjunta en la que se unieron el sonido y el movimiento, acompañados por risas y miradas cómplices entre adultos y pequeños. Los pasillos del centro quedaron impregnados de una energía que solo aparece cuando la comunidad educativa se reúne desde el arte, sin prisas y con la intención de disfrutar y compartir.
El programa es posible gracias a la colaboración del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y la Consejería de Bienestar Social de la Ciudad Autónoma de Melilla.


