
A veces, una parte esencial de un proyecto empieza cuando parece que el trabajo ya ha terminado. En 2019, varios grupos de voluntarios y voluntarias vinculados al proyecto europeo Erasmus+ We All Count, del que formaba parte la FYME, dedicaron parte del verano al montaje final de vídeos que recogían el trabajo realizado durante el curso 2018-2019. Su aportación permitió que aquellas experiencias no quedaran únicamente en los centros donde se habían desarrollado, sino que pudieran compartirse, difundirse y formar parte del intercambio con el resto de socios internacionales del proyecto.
La noticia original, “We All Count: el incalculable valor de voluntarios y voluntarias”, ponía precisamente el foco en esa labor. No presentaba el voluntariado como un complemento, sino como una pieza necesaria para que proyectos de este tipo pudieran seguir creciendo después de las propias actividades. El montaje de los materiales audiovisuales permitió organizar y dar salida a parte del trabajo desarrollado, convirtiendo la dedicación voluntaria en una herramienta para ampliar su recorrido.
Entre las piezas que aquellas personas voluntarias ayudaron a preparar se encontraban dos vídeos vinculados al CRA Río Tajo, en la provincia de Toledo: “Música y baile de Senegal” y “Taller Fruta Musical”. Ambos trabajos quedaron incorporados a la publicación y permitieron compartir parte de las actividades realizadas en el centro dentro de We All Count.
Este ejemplo permite detenernos en una dimensión del voluntariado que no siempre ocupa el primer plano. Colaborar no significa necesariamente estar presente durante una sesión o desarrollar directamente una actividad con niños y niñas. También puede significar dedicar tiempo a ordenar materiales, editar imágenes, preparar vídeos o ayudar a que lo realizado pueda llegar a otras personas.
La propia noticia planteaba una pregunta que sigue teniendo sentido varios años después: cuántas personas de nuestro entorno somos capaces de implicar para colaborar en el trabajo desarrollado en los centros. La respuesta iba acompañada de una idea igualmente importante: a esas personas hay que darles valor, hacer visible su aportación y reconocer el papel del voluntario y de la voluntaria. Desde ahí se pueden ir construyendo equipos y redes capaces de sostener el trabajo en el tiempo.
En el caso de We All Count, esa colaboración tenía además una dimensión internacional. Los materiales preparados no se quedaban únicamente en España, sino que podían compartirse con las entidades que formaban parte del proyecto Erasmus+. La acción voluntaria contribuía así a conectar el trabajo realizado en los centros con una red más amplia de organizaciones y experiencias educativas.
Recuperamos esta noticia dentro del Año Internacional de las Personas Voluntarias porque muestra con claridad que el voluntariado multiplica lo que hacemos. Cada hora dedicada a una tarea, incluso cuando se desarrolla fuera del aula y lejos de las actividades más visibles, puede contribuir a que un proyecto llegue más lejos y permanezca disponible para otras personas.
Los vídeos “Música y baile de Senegal” y “Taller Fruta Musical”, realizados en el CRA Río Tajo, quedaron recogidos en la noticia original y hoy nos permiten volver sobre aquel trabajo. Son también el resultado de esas personas voluntarias que ayudaron a montar y compartir los materiales.
En este recorrido por la acción voluntaria queremos seguir mostrando precisamente todas esas formas de implicarse. Porque detrás de cada actividad visible existen también muchas tareas que hacen posible que el trabajo continúe, se comparta y encuentre nuevos caminos.