
Más de 500 personas y un mural construido con cerca de mil manos. Esa fue la dimensión que alcanzó en junio de 2016 una acción artística que conectó al IES Enrique Tierno Galván y al CEIP Francisco de Quevedo de Leganés y en la que las personas voluntarias de la FYME trabajaron junto a chicos y chicas, niños y niñas, docentes y familias.
Tal y como recogíamos en la noticia de esa época, la acción respondía al cierre de un proceso iniciado varios meses antes por los alumnos y alumnas del IES Enrique Tierno Galván. La propuesta, denominada Acción Poética MUS-E, terminó saliendo de las paredes del instituto para llegar al colegio público Francisco de Quevedo, situado a pocos metros. Los chicos y chicas del instituto pasaron la mañana en el colegio trabajando en un mural de grandes dimensiones. Los más de 300 niños y niñas del CEIP Francisco de Quevedo fueron incorporándose por turnos a la actividad y estuvieron acompañados durante el proceso por personas adultas. La organización establecía que junto a ellos y ellas hubiera un alumno o una alumna del IES Tierno Galván y una persona voluntaria de la FYME, además de docentes de ambos centros y padres y madres.
Ese detalle ayuda a comprender el papel que desempeñó el voluntariado. Las personas voluntarias no estaban únicamente presentes para observar la actividad o resolver cuestiones organizativas: formaban parte del acompañamiento directo durante la creación. La acción se construía así mediante pequeños grupos en los que coincidían distintas edades y diferentes formas de vinculación con los centros.
Entre las personas voluntarias que colaboraron aquel día, la publicación de 2016 menciona expresamente a Abril, Adolfo y Esther. Junto a ellas estuvieron también Gema y Yessica, alumnas en prácticas de la FYME, además de la comunidad educativa y el AMPA del CEIP Francisco de Quevedo. Dentro del Año Internacional de las Personas Voluntarias, recuperar estos nombres tiene también un valor concreto. Hablar de voluntariado implica hablar de personas. Detrás de una cifra, de una actividad o de una fotografía hay hombres y mujeres que deciden dedicar parte de su tiempo a estar presentes y a colaborar con otras personas.
La acción de Leganés permite observar, además, cómo esa aportación puede ayudar a conectar comunidades educativas. Los chicos y chicas del IES Tierno Galván pasaron de trabajar una propuesta dentro de su propio centro a compartirla con los niños y niñas de un colegio cercano. Las personas voluntarias contribuyeron a acompañar ese encuentro y a que el proceso pudiera desarrollarse con grupos numerosos durante toda la mañana.
El arte fue el lenguaje que permitió organizar aquella relación. No se trataba únicamente de pintar un muro. El proyecto había nacido previamente de un trabajo sobre frases y mensajes, y encontró en el CEIP Francisco de Quevedo un espacio donde transformar ese proceso en una obra compartida.
Al finalizar la jornada también se interpretó una coreografía diseñada por Yessica Plaza, alumna en prácticas de la FYME. El encuentro combinó así la intervención plástica con otras formas de expresión artística y reunió a distintas personas alrededor de una actividad común.
Pero el mural todavía reservaba un último paso. Una semana después de esta acción, los niños y niñas del colegio fueron descubriendo progresivamente que la intervención realizada por los alumnos y alumnas del Tierno Galván contenía un mensaje: “Para transformar hay que crear”. Esa frase terminó dando sentido al trabajo desarrollado durante los meses anteriores y a la acción colectiva realizada en el centro.
En este recorrido por la historia del voluntariado de la FYME, aquella jornada permite detenernos en una cuestión que aparece de distintas formas a lo largo de los años: el voluntariado también puede ser un elemento de conexión. Conecta personas, acompaña procesos y contribuye a que una iniciativa que comienza en un centro encuentre continuidad en otro.